04 abril 2017


Aceite de palma

Los efectos del aceite de palma siguen en discusión e investigación. No obstante, existen evidencias sobre su papel en el aumento del riesgo cardiovascular y datos recientes les señalan como posible favorecedor de la metástasis

El aceite de palma es un aceite vegetal que se obtiene a partir del fruto del árbol de palma (Elaeis guineensis) que se originó en África occidental y ahora está muy extendido en las zonas tropicales de América y el sudeste asiático.

La relación entre el aceite de palma y la salud humana se ha ido revisando actualmente por su supuesto efecto negativo sobre la salud cardiovascular y la carcinogénesis. El aumento del uso de este aceite en la industria alimentaria ha desencadenado un gran debate y se ha criticado fuertemente.

Este aceite es relativamente rico en ácidos grasos saturados, alrededor del 45% de los ácidos grasos totales, siendo el principal el ácido palmítico. En su composición también destacan sustancias antioxidantes, así como vitamina A y Vitamina E que resultan beneficiosas para la salud, pero estas moléculas se pierden durante el refinado y el tratamiento térmico que se aplica para su posterior uso en la industria alimentaria.

Es también este tratamiento térmico lo que origina ésteres glucídicos los que se ha atribuido carácter genotóxico y cancerígeno, y así lo publica La EFSA (2006) en el documento Contaminantes presentes en los aceites vegetales fruto de su procesamiento.

Los ácidos grasos saturados aumentan los niveles de LDL (colesterol malo). Cuando el torrente sanguíneo hay exceso de esta lipoproteína, se acumula en la pared de la arteria y acabará formando una placa de ateroma provocando así arteriosclerosis. Por tanto, el ácido palmítico tiene un efecto hipercolesterolemiante, aumenta las LDL, que se relaciona con patologías cardiovasculares.

 

ACEITE DE PALMA Y SALUD CARDIOVASCULAR

La evidencia asocia los efectos negativos -riesgo de enfermedad cardíaca coronaria y algunos tumores- al alto contenido de ácidos grasos saturados, particularmente ácido palmítico, y no tanto por los efectos del aceite de palma en sí mismo. Las investigaciones más recientes consideran el papel nocivo de los ácidos grasos saturados como factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares y son más escasos y poco convincentes los estudios que lo relacionan con el desarrollo del cáncer.

Un estudio publicado en el European Journal of Clinical Nutrition de casos y controles relacionó los hábitos alimenticios con el riesgo de sufrir infarto de miocardio en adultos en Costa Rica. Se revisaron 496 casos y 518 controles con cuestionarios de frecuencia de consumo alimentario. Los resultados reflejaban que una dieta rica en aceite de palma utilizado para cocinar, refinados, carnes y bollerías asociaron a un mayor riesgo de infarto agudo de miocardio en comparación con una dieta rica en verduras y frutas. Los investigadores atribuyen estos resultados al alto contenido de ácidos grasos saturados del aceite de palma junto con otros factores de riesgo.

Hay que tener en cuenta que hay mucha incertidumbre en la evidencia científica sobre el papel de las grasas de la dieta en relación con las enfermedades cardiovasculares, sobre todo a la hora de diferenciar entre ácido láurico, palmítico y mirístico. Aún así, ya desde el 2010 tanto la FAO como la OMS recomiendan ingestas de grasa de un 20-30% sobre el consumo calórico diario total, un 10% máximo de ácido grasos saturados.

En cuanto el aceite de palma en concreto, la EFSA no ha prohibido ni limitado su consumo, aunque, como también hace la OMS alertan de sus posibles riesgos y recomiendan limitar el consumo.

 

ACEITE DE PALMA Y CÁNCER

La relación del aceite de palma y el cáncer no se ha investigado de manera tan específica, pero la literatura científica sobre esta asociación, tanto en roedores como en humanos, es muy amplia.

Muchos de los estudios que apoyaban al papel de las grasas en la aparición de cáncer quedaban confundidos por otras variables nutricionales y estilo de vida. Hay algunos estudios con animales donde las dietas altas en grasa estaban relacionadas con un aumento de tumores, pero no hay estudios suficientes para asociar el aceite de palma específicamente. También ha quedado bastante demostrado con estudios epidemiológicos en que se comparaba la incidencia del cáncer y la mortalidad entre países, el alto consumo de grasa en la dieta per cápita se correlacionó positivamente sobre todo con el cáncer colorrectal, de mama y de próstata.

Una publicación reciente en la revista Nature (2017) del instituto de Investigación Biomédica (IRB) de Barcelona, ha hecho saltar las alarmas. Ésta, relaciona las células cancerosas, las grasas (el aceite de palma sobretodo) y la metástasis. La metástasis es la extensión de células cancerosas localizadas hacia otro órgano o parte no adyacente donde provocan nuevos tumores.

El desplazamiento de estas células cancerosas tiene que ver con una proteína llamada CD36 que tienen en su superficie. La CD36 se ve aumentada con las grasas, dado que su función es importarlas hacia dentro la célula, esta absorción de ácidos grasos promueve la migración de las células tumorales provocando metástasis. El ácido palmítico o una dieta rica en grasas aumentará específicamente el potencial metastásico de CD36.

Este hallazgo se convierte en un punto de partida muy importante para valorar si el bloqueo de esta proteína podría suponer una herramienta para combatir la metástasis. Sin embargo plantea con seriedad el efecto de la dieta sobre el cáncer.

 

No obstante, siguen siendo correlaciones muy relativas y los resultados suponen el inicio de nuevas investigaciones.

En resumen, en cuanto en la revisión bibliográfica, no se ha encontrado ninguna evidencia convincente en que los principales ácidos grasos del aceite de palma tengan un papel significativo en la aparición de cáncer, pero podrían tener un papel negativo importante en la metástasis.

No hay que olvidar que a parte de por sus posibles prejuicios sobre la salud, el aceite de palma también se encuentra en el punto de mira por sus problemas toxicológicos y ambientales. La producción de aceite de palma no se vuelve sostenible.

La expansión de su cultivo ha sido asociada a una gran deforestación de los bosques tropicales, la conquista de tierras pertenecientes a comunidades autóctonas, abuso de derechos humanos y la pérdida de ejemplares de especies animales. Según la UNEP (Programa medioambiental de Naciones Unidas) las plantaciones de aceite de palma son la principal causa de deforestación de Malasia e Indonesia, donde el 70% y el 50% respectivamente, de plantaciones están ubicadas en zonas donde había bosque tropical.

 

APLICACIÓN INDUSTRIAL

¿Por qué se usa tanto el aceite de palma en la industria alimentaria?

El árbol de palma es una planta de fácil cultivo y tiene un alto rendimiento. Además, el aceite es mucho más barato que otras grasas vegetales saturadas como podrían ser la manteca de cacao o el aceite de coco.

Su alta temperatura de fusión permite que se mantenga sólido a temperatura ambiente por lo que conserva su textura cremosa, da forma y consistencia al producto y al introducirlo en la boca se funde de manera agradable. Por otro lado, potencia el sabor, libera aromas y por lo tanto, mejora las propiedades organolépticas del producto.

Las principales alternativas al aceite de palma podrían ser otras grasas saturadas pero de origen animal en vez de vegetales o otras grasas vegetales sólidos como la mantequilla de coco o de cacao pero presentan notables desventajas para la industria alimentaria, sobre todo a nivel económico.

 

¿En qué alimentos podemos encontrar aceite de palma?

El aceite de palma raramente se encuentra de forma natural como componente en los alimentos. Por las propiedades descritas, destaca en productos de bollería como galletas, pasteles, dulces, bombones, chocolate... también en alimentos preparados, salsas, margarinas, pizza, palitos de pan, pastas saladas... por lo que hay que fijarse en el etiquetado.

Actualmente las industrias tienen la obligación de detallar en el etiquetado el tipo de grasa vegetal que contienen los productos, queda recogido en un nuevo reglamento europeo sobre el etiquetado que entró en vigor el 2014.

El aceite de palma puede quedar expresado en el listado de ingredientes como: aceite de palmiste, grasa vegetal fraccionado y hidrogenado de palmiste, estearina de palma, palmoleïna o oleína de palma, manteca de palma o con su nombre científico: Elaeis guineensis.

 

CONCLUSIONES

El efecto nocivo del aceite de palma está en discusión. Las evidencias no acaban de ser concluyentes, aunque al tratarse de un aceite rico en ácidos grasos saturados sí hay asociación con el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

No hay evidencia de la relación con la carcinogénesis pero las investigaciones hipotetizan encontrarla. Sin embargo, sí ha quedado demostrada su participación en el proceso de metástasis.

Su uso en la industria alimentaria va en aumento y habrá nuevos estudios tanto para valorar los riesgos como para valorar el consumo real de la población. Hay que ser consciente del motivo por el que se está utilizando, el cual se aleja de la preservación de la salud del consumidor.

Será importante leer el etiquetado de los alimentos y tomar conciencia de lo que está ingiriendo. Siempre es una buena recomendación informarse de la composición nutricional de lo que comemos y ser conscientes de los hábitos alimenticios que tenemos.

El consumo de ácido palmítico es fácil de evitar dado que siempre se encuentra especificado como ingrediente, además, la mayoría de los que forma parte, no son alimentos saludables de los que se recomienda un consumo habitual.

 

 

 

Autor:


Jefe de Servicio @doctorasesmilo Coordinadora de la Unidad de hipófisis Coordinadora de la Unidad de tiroides Especialista en endocrinología de la gestación


Nutricionista y educadora en diabetes


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